En medio del ruido, de las prisas y de las preocupaciones diarias, necesitamos detenernos. Necesitamos un espacio para respirar hondo, para mirar hacia dentro y para dejar que Dios mire nuestro corazón.
El concierto-oración “Misericordia, Señor” no es solo un acto musical. Es una oportunidad para encontrarnos con Él a través de la belleza, del silencio y de la música que toca el alma. Es un momento para dejarnos abrazar por su misericordia, para presentar nuestras cargas, nuestras familias, nuestras heridas… y también nuestras alegrías.
A veces pensamos que ya rezamos “cuando podemos”. Pero hay momentos especiales en los que el Señor nos espera de una manera distinta. Quizá este sea uno de ellos.
Ven. Regálate una hora de paz. Ven con tu familia, con amigos, o simplemente con tu corazón tal como esté. La misericordia de Dios nunca llega tarde… y siempre tiene algo que decirte.
Te esperamos.

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