No sabéis el lío en el que me he metido.
Salí del futuro —de una tarde de diciembre llena de luces y villancicos— decidido a regresar solo unas semanas atrás para avisaros. Pero ya en mitad del viaje… ¡zas! El condensador de flujo del Renault Laguna empezó a hacer un ruido raro, como cuando se te afloja el escape del coche. Tuve que aterrizar a medio camino, justo aquí, en vuestro presente.

Y menos mal, porque si algo no puedo permitir es que os perdáis El Festival de la Mila. No puedo contaros mucho (no quiero provocar otra paradoja temporal, que ya llevo una liada con eso), pero os aseguro que el 22 de noviembre, a las cinco de la tarde, en los Salones de la Parroquia de la Calle Huelva 7, pasa algo que merece la pena ver.

No es solo un festival, ni un teatro, ni una fiesta de barrio. Es un poco de todo: risas, misterio, y ese calor de la gente que se conoce de toda la vida. La clase de cosas que el tiempo no borra.

Si notáis un coche viejo aparcado fuera con el capó levantado, no os asustéis. Soy yo, intentando arreglar el condensador antes de que el continuo espacio-tiempo vuelva a cerrarse.

Solo os pido una cosa: no lleguéis tarde. Ya sabéis… el tiempo tiene sus manías. ⏳


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